Nuevos voluntarios se incorporan a la Misión Cuba

Nuevos voluntarios se incorporan a la Misión Cuba

Desde hace muchos años, voluntarios de Fidesco dedican dos años de su vida al servicio de la Misión Cuba, junto a los sacerdotes de la Comunidad Saint-Martin. Con su presencia diaria, participan en la vida de la misión, tanto en el trabajo como en la vida parroquial. Esta cercanía les permite descubrir poco a poco la realidad cubana, aprender el idioma y crear vínculos con las personas que van conociendo. Como parte del equipo, comparten las alegrías y las dificultades de la misión, al tiempo que cultivan la fraternidad entre voluntarios. Este año, nuevos rostros han llegado a Cuba para sumarse a esta aventura.

Erwan y Juliette: descubrir la misión

Recién casados en septiembre, Erwan y Juliette llegaron a Cuba el 16 de octubre de 2026. Comenzaron su misión con una semana de inmersión, una primera oportunidad para descubrir de cerca la vida cotidiana de los cubanos.

«nosotros nos enviaron a una familia diferente para vivir la experiencia cubana desde dentro!

(Juliette) En mi caso, éramos siete en la casa: la abuela (87 años), la mujer (30 años) y su marido (40 años), su nuera (20 años) y sus dos hijos (de 6 y 9 años). Era una casa llena de vida, con una familia muy unida que me acogió como a una más.

Gracias a esta semana, me di cuenta de que todo era diferente de lo que conocía: la relación con el tiempo, la organización, el cuerpo, el ruido, el espacio, el dinero, los olores, la comida… ¡Todo!

Descubrí que las casas cubanas no tenían puertas y que había baldosas por todas partes. Algo muy práctico para limpiarlas a diario con un buen cubo de agua.

Tanto para Erwan como para mí, esta semana nos permitió dar un gran salto en la comprensión del idioma. Por ejemplo, los cubanos no suelen pronunciar las “s” al final de las palabras.

También fue una oportunidad para descubrir la base de la alimentación cubana: arroz y frijoles negros prácticamente dos veces al día, acompañados de viandas como la yuca o las papas al estilo cubano. Durante los dos próximos años tendremos que echarle imaginación para variar lo que ponemos en el plato. ¡Todo un reto para unos franceses!

(Erwan) Por mi parte, me acogió una familia de tres personas: un matrimonio con un niño de cuatro años y medio. Julio, Helen y Samuel. Su casa está en las afueras de Placetas, donde la naturaleza está un poco más presente. Viven en una casa que han ido construyendo ellos mismos, poco a poco, y tienen un jardín algo abandonado con… cocoteros, plataneros, guayabos, aguacateros… En fin, ¡un terreno a la cubana!

Pasé una semana genial, entre el trabajo de Julio y la vida familiar. Me integraron de verdad como a un miembro más de la familia. Fue muy bonito poder descubrir otra realidad y cambiar de ambiente directamente en el seno de una familia cubana.

Evidentemente, el choque es grande: uno pierde todos sus puntos de referencia y todo es diferente. Pero, haciendo preguntas y observando, uno va comprendiendo poco a poco su manera de vivir en el día a día.

Estoy deseando recibir algún día a Julio y Helen en nuestra casa, o simplemente volver a verlos cuando hable mejor español, para poder estrechar aún más los lazos con ellos».

Vivirán en Cabaiguán. Erwan estará a cargo de las obras de la parroquia y Juliette se ocupará de los proyectos educativos de esta misma parroquia.

Clotilde et Aimeric : les premiers pas à Cuba

Para Clotilde y Aimeric, las primeras semanas de misión son una oportunidad para ir encontrando sus puntos de referencia, descubrir su entorno y empezar a conocer a las personas con las que trabajarán y compartirán la vida durante los próximos dos años.

«Poco a poco.

Esta es la respuesta que damos cada día a los cubanos que nos preguntan cómo va nuestra llegada.

Llevamos cuatro meses casados y estamos a punto de cumplir un mes desde nuestra llegada a Placetas. Poco a poco, empezamos a encontrar nuestro lugar en esta ciudad, donde pasaremos dos años junto a la población local. Los dos estamos comprometidos en distintas áreas de actividad de la Comunidad Saint-Martin presente en la ciudad: Clotilde en la contabilidad y Aymewic en la construcción. Juntos, también organizamos actividades para un internado de quince muchachos.

Poco a poco, porque adaptarse a los ruidos, los olores, el idioma, las costumbres, los comportamientos, la energía que se respira y la alimentación lleva tiempo y exige mucha energía. ¡Cuando uno llega a Cuba, tiene que estar preparado para retroceder sesenta años! Coches estadounidenses antiguos, apagones, coches de caballos…

Estamos muy agradecidos a los sacerdotes, los voluntarios y los cubanos que vamos conociendo. Nos ayudan muchísimo y, poco a poco, nos van transmitiendo sus consejos.

Gracias a ellos, vamos descubriendo con asombro la belleza del país y de su gente: paisajes dignos de una postal y la hospitalidad de los cubanos. Pero también descubrimos el fuerte contraste provocado por la crisis económica y social que atraviesa actualmente el país. Esta situación genera mucha pobreza y numerosas separaciones familiares debido a la fuerte emigración.

En este contexto, “poco a poco” resulta ser mucho más que una simple expresión que repetimos cada día: es una verdadera enseñanza sobre la importancia de tomarse el tiempo necesario, observar e intentar comprender lo que nos rodea, con delicadeza y sin juzgar. “Poco a poco” también nos enseña a abandonarnos y a confiar en Cristo frente a todas estas novedades y a las realidades de un país que nos supera».

En Placetas, los jóvenes viven su fe con Contracorriente

En Placetas, los jóvenes viven su fe con Contracorriente

En Placetas, los jóvenes de Contracorriente se reúnen tres viernes al mes en la parroquia. Estudiantes y jóvenes de 18 a 30 años comparten el deseo de formarse, profundizar en su fe, rezar y vivir momentos de fraternidad. En septiembre, el consejo del grupo se reunió con Padre Esteban y Padre Pablo-Alejandro, quien acompañaran a los jóvenes durante este año, para definir las orientaciones para los próximos meses. Este comienzo de curso también trae cambios: algunos miembros se preparan para emprender nuevos proyectos, mientras que otros toman el relevo para mantener vivo el grupo.

Los encuentros de Contracorriente alternan entre formación, servicio, oraciónes y momentos más informales. Los espacios de formación permiten a los jóvenes plantear sus preguntas y profundizar en las enseñanzas de la Iglesia. Se abordan temas variados, como la vida consagrada, la vida después de la muerte, los santos y los sacramentos. Todos estos temas invitan a cada uno a comprender mejor su fe y a reflexionar sobre cómo vivirla en el día a día.

El grupo también da mucha importancia al servicio a los demás. El año pasado, los jóvenes dedicaron una jornada al asilo de ancianos, un centro de atención diurna para personas mayores atendido por las hermanas Siervas de Jesús. Durante ese día, prepararon y compartieron el almuerzo con los residentes, además de cantar y animar el encuentro. Una manera concreta de dedicar su tiempo, acercarse a los mayores y demostrarles su cariño y atención. Por último, las veladas también pueden continuar alrededor de juegos de mesa.

Un lugar para crecer juntos

 

«Me llamo Eliecer, tengo 22 años, soy acolito en la parroquia de Placetas y participo en el grupo desde hace aproximadamente tres años.

Contracorriente es un grupo dinámico. Esa energía se pone al servicio de los encuentros y de la vida parroquial. Aquí podemos conversar con libertad y crear una verdadera amistad durante nuestros encuentros. También recibimos formaciones profundas que alimentan mi vida espiritual. Pero, sobre todo, es un espacio donde podemos compartir la oración y crecer juntos en la fe.

El grupo tiene además una cualidad que a veces resulta difícil encontrar en el contexto en el que vivimos: un verdadero espíritu de unidad, en el que el bien común está por encima de los intereses individuales».

«Me llamo Denisa, tengo 22 años y soy la responsable del grupo de jóvenes Contracorriente.

Cuando me invitaron a participar en los encuentros de jóvenes, me sentía intimidada. Éramos muchos y me parecía imposible recordar tantos nombres. A pesar de ello, acepté, y recuerdo que me pregunté: ¿qué tiene de especial este grupo para que varias personas me propongan unirme a él?

Al empezar a asistir, fui encontrando respuestas. Lo que primero llamó mi atención fue la unidad que se vivía dentro del grupo. Para mí, era difícil creer que, siendo tantos y con caracteres y personalidades tan diferentes, e incluso a veces opuestos, pudiéramos vivir algo tan profundo juntos. Y, sin embargo, ¡así era! Decidí cambiar mi mirada y descubrí lo que estaba en el centro, aquello que nos unía a todos: la fe.

Hoy le doy gracias a Dios por formar parte de este grupo y de su consejo, y por permitirnos vivir tantos momentos de formación, oración y servicio. También les pido a quienes lean este humilde testimonio que nos tengan presentes en sus oraciones, para que los jóvenes de Contracorriente fortalezcan su fe.»

Navidad solidaria: distribución de canastas alimentarias a los más necesitados

La Misión junto a los más pobres….. o en la cocina de los pobres en Navidad

Con motivo de las fiestas navideñas, la misión Cuba tiene la tradición de ofrecer a los más pobres de nuestras parroquias las «jabas de Navidad», es decir, paquetes (literalmente “sacos”) de alimentos y productos de higiene, con el fin de mejorar el difícil día a día de las familias más necesitadas. Al igual que en el pesebre de Belén, se trata sobre todo de llevar una presencia fraterna a través de lo concreto de estos regalos.

Junto a los más necesitados

En el conjunto de nuestras parroquias de Placetas (Báez, Fomento, Cabaiguán, Guayos) y de Cienfuegos (Paraíso), organizamos así una gran distribución para más de 240 personas. Si a lo largo del año intentamos ayudar a los pobres que acuden a nuestras parroquias a través de nuestros Comedores (comidas calientes) y nuestras farmacias, el reparto de estas «jabas» se apoya en la red territorial de la misión, donde en cada pueblo o barrio procuramos conocer a los más necesitados, que a menudo no se atreven a pedir ayuda.

Una ayuda hecha posible gracias a sus donaciones

Gracias a las colectas de donaciones realizadas en los últimos meses, la Misión pudo adquirir varias toneladas de alimentos y productos de higiene, lo que permitió preparar 240 jabas bien surtidas: conservas, sopas, arroz y pastas, jabones, detergente y el tradicional «turrón de Navidad», el postre navideño.

La movilización de los jóvenes

Tras varias semanas de logística para reunir todos estos bienes, fueron los jóvenes de la misión quienes se pusieron manos a la obra para preparar las jabas. El comedor del internado fue acondicionado para la ocasión y los jóvenes de Cienfuegos se unieron al equipo de Placetas el sábado anterior a la Navidad. Durante toda una jornada, se organizó una verdadera colmena de trabajo para preparar, pesar, contar y distribuir las bolsas hasta la etapa final: ¡la personalización de cada paquete!

Como la caridad engendra fraternidad, esta aventura logística concluyó con una gran comida compartida por la treintena de voluntarios, fortaleciendo así los lazos entre las dos misiones de Placetas y Cienfuegos.

Ana-Carolina da su testimonio:

«En este tiempo de Navidad, la distribución de las canastas no fue solo un gesto material, sino un signo vivo del amor de Cristo. Al visitar a algunos hermanos y hermanas que viven solos, sentimos que cada una de estas canastas llevaba en sí un mensaje de esperanza: “No estás olvidado, la Iglesia camina contigo”. Muchos recibieron estos alimentos con lágrimas de gratitud, porque más allá de su contenido, representaban la compañía, la cercanía y el abrazo de una comunidad que los reconoce como parte de la gran familia de Dios. La Navidad nos recuerda que Jesús nació pobre y humilde, para que nadie se sienta solo en su mesa. Cada bolsa entregada fue una semilla de fe y de consuelo, un recordatorio de que la verdadera riqueza se encuentra en el compartir.»

Visita a los más pobres

Todo estaba listo para la última etapa: llegar a los hogares de los destinatarios de estas jabas de Navidad. Dado que el territorio es muy extenso, cada sector se organizó. En la ciudad, a menudo fueron también los jóvenes quienes, durante los días previos y posteriores a la Navidad, visitaron a cada persona necesitada para entregarles la jaba y aprovechar para compartir un buen momento de encuentro. Las distintas comunidades también se movilizaron para hacer llegar este regalo de Navidad a quienes vivían más lejos.

Ana-Carolina da su testimonio:

«En este tiempo de Navidad, la distribución de las canastas no fue solo un gesto material, sino un signo vivo del amor de Cristo. Al visitar a algunos hermanos y hermanas que viven solos, sentimos que cada una de estas canastas llevaba en sí un mensaje de esperanza: “No estás olvidado, la Iglesia camina contigo”. Muchos recibieron estos alimentos con lágrimas de gratitud, porque más allá de su contenido, representaban la compañía, la cercanía y el abrazo de una comunidad que los reconoce como parte de la gran familia de Dios. La Navidad nos recuerda que Jesús nació pobre y humilde, para que nadie se sienta solo en su mesa. Cada bolsa entregada fue una semilla de fe y de consuelo, un recordatorio de que la verdadera riqueza se encuentra en el compartir

Salida de los trabajadores de la parroquia

Salida de los trabajadores de la parroquia en Cienfuegos

Este viernes tuvo lugar la salida anual de los trabajadores de la parroquia en Cienfuegos, un espacio especialmente organizado para expresar nuestro agradecimiento a los 52 trabajadores que sirven en nuestras distintas comunidades parroquiales: Baez, Cabaiguán, Placetas y Falcón.

Esta jornada se vivió como un verdadero tiempo de fraternidad, descanso y renovación, que permitió salir del ritmo habitual del trabajo para encontrarnos de una manera diferente. Los participantes pudieron disfrutar de momentos de baño, dinámicas de integración que favorecieron la unidad y el trabajo en equipo, así como espacios de intercambio y diálogo. Estas actividades fortalecieron los lazos entre los trabajadores de las distintas parroquias y contribuyeron a crear un clima de confianza, alegría y comunión.

Tiempo de formación

Un espacio de formación vino también a enriquecer este encuentro. Permitió reflexionar juntos sobre el sentido del trabajo a la luz de la fe cristiana y, de manera especial, de la Doctrina Social de la Iglesia. Se destacó la primacía de la persona del trabajador, recordándonos que el trabajo no es solo una tarea que cumplir, sino una participación activa en la misión de Dios en el mundo. El trabajador es portador de dignidad, de talentos y de una vocación propia.

A través de esta jornada quisimos resaltar cuán valioso es cada servicio realizado en nuestras parroquias y la importancia de crear condiciones favorables para que el trabajo se viva con responsabilidad, reconocimiento y esperanza. Como nos exhorta san Pablo:

«Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres»

(Colosenses 3,23)

Damos gracias al Señor por el compromiso serio y constante de nuestros trabajadores parroquiales. Que esta jornada dé frutos en la vida personal y profesional de cada uno, y que el Señor continúe fortaleciendo a todos los que, día tras día, ponen su trabajo al servicio de la Iglesia y de la comunidad, con espíritu de fe, esperanza y caridad.