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Convivencia de los jóvenes

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Durante tres días, jóvenes de entre 18 y 30 años, provenientes de las parroquias de Placetas, Báez, Fomento, Cabaiguán, Guayos y Falcón, tomaron el camino desde Placetas hacia La Habana para vivir una convivencia (campamento de invierno) bajo el signo del encuentro y el servicio.

Recibidos en una casa proporcionada por la comunidad de las Carmelitas, los jóvenes pronto hicieron de este lugar un verdadero espacio de vida común.

La convivencia comenzó con un tiempo de bendición en la iglesia adyacente a la vivienda. Se establecieron algunas reglas para guiar estos días: abrirse a los demás, estar disponibles para el servicio y dejarse guiar por el Señor.

Después de que todos se instalaron en la casa, el grupo se reunió con Monseñor Eloy Domínguez Martínez de La Habana.

Este momento de intercambio permitió abordar la diversidad religiosa en Cuba, pero también reflexionar sobre el lugar y la esperanza de los jóvenes en un país donde los desafíos del día a día son numerosos.

El segundo día estuvo dedicado íntegramente al servicio. Los jóvenes se dirigieron a la residencia Santovenia, dirigida por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que acoge a personas mayores. Después de la misa, tomaron tiempo para visitar las instalaciones y conversar con los residentes.

Un momento destacado de la jornada fue el de los cantos de la navidad, acompañados al piano, que llenaron de alegría a los residentes. Las sonrisas, las manos golpeando al ritmo y las miradas brillantes daban testimonio de su felicidad.

La música continuó luego en los pasillos, invitando a los residentes a bailar. Luego llegó el tiempo de la comida, servida al ritmo de las personas mayores. Cada uno fue distribuido para que todos pudieran comer al mismo tiempo.

Después de la siesta de los ancianos, los jóvenes compartieron un tiempo de juego rápido complementado con preguntas relacionadas con los momentos clave de la religión cristiana, antes de reunirse con los residentes para rezar juntos el rosario en la iglesia. Una hermosa manera de concluir este día de servicio.

Las veladas también permitieron descubrir La Habana, especialmente con la visita al fuerte San Carlos y su famoso cañonazo.

El último día, cada uno se puso a trabajar para limpiar la casa antes de visitar el cementerio de Cristóbal Colón, un vasto lugar cargado de historia, reconocido por la riqueza de su iconografía religiosa y sus esculturas en mármol.

Esta convivencia, organizada por los miembros del consejo del grupo de jóvenes «Contra Corriente«, marcó el fin del año con un verdadero espíritu misionero.

«Señor, te damos gracias por estos días de encuentro y servicio. Enséñanos a mantener viva esta alegría fraternal y a hacerla crecer allí donde nos envíes»