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La Misión junto a los más pobres….. o en la cocina de los pobres en Navidad

Con motivo de las fiestas navideñas, la misión Cuba tiene la tradición de ofrecer a los más pobres de nuestras parroquias las «jabas de Navidad», es decir, paquetes (literalmente “sacos”) de alimentos y productos de higiene, con el fin de mejorar el difícil día a día de las familias más necesitadas. Al igual que en el pesebre de Belén, se trata sobre todo de llevar una presencia fraterna a través de lo concreto de estos regalos.

Junto a los más necesitados

En el conjunto de nuestras parroquias de Placetas (Báez, Fomento, Cabaiguán, Guayos) y de Cienfuegos (Paraíso), organizamos así una gran distribución para más de 240 personas. Si a lo largo del año intentamos ayudar a los pobres que acuden a nuestras parroquias a través de nuestros Comedores (comidas calientes) y nuestras farmacias, el reparto de estas «jabas» se apoya en la red territorial de la misión, donde en cada pueblo o barrio procuramos conocer a los más necesitados, que a menudo no se atreven a pedir ayuda.

Una ayuda hecha posible gracias a sus donaciones

Gracias a las colectas de donaciones realizadas en los últimos meses, la Misión pudo adquirir varias toneladas de alimentos y productos de higiene, lo que permitió preparar 240 jabas bien surtidas: conservas, sopas, arroz y pastas, jabones, detergente y el tradicional «turrón de Navidad», el postre navideño.

La movilización de los jóvenes

Tras varias semanas de logística para reunir todos estos bienes, fueron los jóvenes de la misión quienes se pusieron manos a la obra para preparar las jabas. El comedor del internado fue acondicionado para la ocasión y los jóvenes de Cienfuegos se unieron al equipo de Placetas el sábado anterior a la Navidad. Durante toda una jornada, se organizó una verdadera colmena de trabajo para preparar, pesar, contar y distribuir las bolsas hasta la etapa final: ¡la personalización de cada paquete!

Como la caridad engendra fraternidad, esta aventura logística concluyó con una gran comida compartida por la treintena de voluntarios, fortaleciendo así los lazos entre las dos misiones de Placetas y Cienfuegos.

Ana-Carolina da su testimonio:

«En este tiempo de Navidad, la distribución de las canastas no fue solo un gesto material, sino un signo vivo del amor de Cristo. Al visitar a algunos hermanos y hermanas que viven solos, sentimos que cada una de estas canastas llevaba en sí un mensaje de esperanza: “No estás olvidado, la Iglesia camina contigo”. Muchos recibieron estos alimentos con lágrimas de gratitud, porque más allá de su contenido, representaban la compañía, la cercanía y el abrazo de una comunidad que los reconoce como parte de la gran familia de Dios. La Navidad nos recuerda que Jesús nació pobre y humilde, para que nadie se sienta solo en su mesa. Cada bolsa entregada fue una semilla de fe y de consuelo, un recordatorio de que la verdadera riqueza se encuentra en el compartir.»

Visita a los más pobres

Todo estaba listo para la última etapa: llegar a los hogares de los destinatarios de estas jabas de Navidad. Dado que el territorio es muy extenso, cada sector se organizó. En la ciudad, a menudo fueron también los jóvenes quienes, durante los días previos y posteriores a la Navidad, visitaron a cada persona necesitada para entregarles la jaba y aprovechar para compartir un buen momento de encuentro. Las distintas comunidades también se movilizaron para hacer llegar este regalo de Navidad a quienes vivían más lejos.

Ana-Carolina da su testimonio:

«En este tiempo de Navidad, la distribución de las canastas no fue solo un gesto material, sino un signo vivo del amor de Cristo. Al visitar a algunos hermanos y hermanas que viven solos, sentimos que cada una de estas canastas llevaba en sí un mensaje de esperanza: “No estás olvidado, la Iglesia camina contigo”. Muchos recibieron estos alimentos con lágrimas de gratitud, porque más allá de su contenido, representaban la compañía, la cercanía y el abrazo de una comunidad que los reconoce como parte de la gran familia de Dios. La Navidad nos recuerda que Jesús nació pobre y humilde, para que nadie se sienta solo en su mesa. Cada bolsa entregada fue una semilla de fe y de consuelo, un recordatorio de que la verdadera riqueza se encuentra en el compartir